La vie de bureau / Vida en la oficina (1)

La vie de bureau (Vida en la oficina) es una serie de crónicas sobre el mundo laboral. Los acontecimientos y personajes que aparecen aquí son totalmente inventados. Y no se maltrata a ningún animal, sólo a los seres humanos.

En dos semanas nos mudamos a una nueva oficina, y en los pasillos reinan un frenesí y una agitación de los que es difícil aislarse.  De pronto unos seres con carpeta, bolígrafo y gafas irrumpen en el despacho y toman nota de mi «security tagged and database registered» ordenador.  La actividad diaria se ve trastocada.

Todo el mundo limpia sus armarios y saca reliquias, una chica muy amable me ha regalado tres ejemplares de la revista Camp Rock, con titulares que rezan «¡Entrevistas Top!», «¡Monta un grupo!»… “Para tus hijas”, me dice… Continuar leyendo «La vie de bureau / Vida en la oficina (1)»

Place des Ternes

Je suis sur la terrasse d’un café place des Ternes, en train de prendre un petit déj à des heures non parisiennes.  Il fait un temps terne -évidemment-, parfois il y a un peu de soleil.

Je regarde passer les gens, beaucoup de touristes comme moi, et puis des jeunes filles qui tiennent leur sac avec le coude plié, la main en l’air, très Hollywood. Des parents qui ont l’air absent poussent leurs enfants dans les poussettes.

A côté de moi un monsieur lit Libé, de l’autre côté, une dame a commandé un quart de Vittel avec une tranche de citron.   Elle fume. 

J’ai dormi rue Soyer, il ne reste plus grand chose de mon passage là-bas.  Quand même, quelques 33 tours.

Écrit en 2010

La tormenta

En una noche de tormenta oscura, un caballero que huía del huracán y se encontraba perdido en un bosque divisó una luz en la lejanía.  Se acercó como pudo, luchando frente al viento que le arrancaba el sombrero y le empujaba contra los árboles, luchando contra el miedo que le agarraba las costillas y le hacía perder el aliento.  Y al acercarse se dio cuenta de que aquella luz iluminaba una puerta de madera que golpeó con desesperación, sin parar, como si con los golpes pudiera evitar que el viento le diera sacudidas heladas que le hacían temer por su salud ya no sólo física sino mental. 

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