Cannes

Cannes, que es una ciudad de glamur y miseria, resulta amable si madrugas.  Es entonces cuando puedes ver escenas domésticas, de gente levantando los toldos de sus “food truck”, alisando la arena de la playa, preparando la “yoga class on the beach” o paseando al perro.  Hay ejecutivos que aprovechan para ponerse en forma, y corren con soltura, con músculos y con cascos mientras miran el mar.   Todo parece más amable, hasta que levantas un poco más la vista y ves un barco monstruoso de cruceros que amenaza con desembarcar.  Y en una esquina, una vieja con pelos locos y labios pintados de blanco te mira, y te preguntas si te acabas de cruzar con una parca que te ha dejado marchar por puro despiste. Continuar leyendo «Cannes»

Rue du Commerce, verano.

Anoche hice una foto de una ventana.  Estábamos en casa de mi prima.  Corría algo de brisa.  La gata Scarlett vigilaba nuestros movimientos llamando la atención con indolencia.  En el aseo, al lado de la taza, había dos libros:  una reflexión budista sobre el arte de comer y la genealogía de los reyes de Francia.  Y de la ventana abierta llegaban murmullos de conversaciones tranquilas, y músicas imperceptibles.

Place des Ternes

Je suis sur la terrasse d’un café place des Ternes, en train de prendre un petit déj à des heures non parisiennes.  Il fait un temps terne -évidemment-, parfois il y a un peu de soleil.

Je regarde passer les gens, beaucoup de touristes comme moi, et puis des jeunes filles qui tiennent leur sac avec le coude plié, la main en l’air, très Hollywood. Des parents qui ont l’air absent poussent leurs enfants dans les poussettes.

A côté de moi un monsieur lit Libé, de l’autre côté, une dame a commandé un quart de Vittel avec une tranche de citron.   Elle fume. 

J’ai dormi rue Soyer, il ne reste plus grand chose de mon passage là-bas.  Quand même, quelques 33 tours.

Écrit en 2010