«Solitudine»

Así, en italiano

La Unidad 1 se viste de calle, y si hace un tiempo lo importante era parecer francesita, ahora lo fundamental es taparse la cara, dejando a la vista los ojos, que son, después de todo, el reflejo del alma.   Así que con la cara camuflada pero el alma al viento, la unidad 1 abre la puerta y se lanza al mundo, a ver si el mundo le deja un hueco para que pueda hacer volar sus zapatillas sobre el asfalto y sentir que puede ir donde quiera y a su ritmo.  Bueno, dentro del Orden Kilométrico 1.  Que no está el horno para bollos.   Continuar leyendo ««Solitudine»»

Antes

Al acabar de cenar fuimos a tomar un algo, “Costello”, dijeron varios.  Fuimos andando desde la Cava Baja, dirección Caballero de Gracia.  David y Marcos discutían sobre el camino más corto.  Es que este mi barrio, decía uno, aquí he vivido muchos años.  Para probar que su trazado era el bueno, mencionaba la forma geométrica de la plaza de Tirso de Molina.  No dijo triangulo isósceles, pero una palabra similar, precisa y sabia.  El otro replicaba, pero yo también vivo aquí y por donde digo yo es más corto.  Entonces Marcos se marchó solo por su camino, para demostrarnos que tenía razón.  Nosotros seguimos a David, parando con frecuencia para recuperar a Adela y Rocío que no prestaban atención y se desviaban por cualquier esquina mientras hablaban de todo y nada. Llegamos al Costello antes que Marcos, que entró un poco mortificado.  El pincha del lugar ponía música funky de los ochenta; David bebía un daiquirí con despreocupación; Pablo me señaló a un joven que al parecer me había mirado; Adela bailaba; Raúl se dedicaba a jugar con el llavero de su coche.

Eso era antes.

Hoy hablamos por whatsapp.  

El buque

Hay un buque que da la vuelta al mundo una vez cada ciento cincuenta y cuatro años.  Ese barco, que debe de ser mágico, no tiene ningún rasgo particular y pasa desapercibido muy a menudo.  Y sin embargo corren rumores, se cuentan historias en alguna taberna oscura, a la luz de unas velas que se reflejan en los vasos de güisqui.   Se dice, pero quién lo cuenta no siempre es de fiar, se dice que los amantes que suben a ese barco no olvidan nunca ese viaje.  Que es un lugar donde las penas se borran y el tiempo no existe, que repara los males del cuerpo y las tribulaciones del espíritu.

Se dice también que el capitán que guía ese barco por los mares del mundo no habla nunca y sin embargo sus palabras quedan grabadas en el corazón de las gentes que dudan.

Se dice, siseando como en las iglesias, que las personas que se mecen en ese barco de madera quedan marcadas para siempre. Continuar leyendo «El buque»

Fuga

Acabo de salir a dejar la basura.  No tengo perro, pero como los cubos de la colonia están en sitios específicos, salir con las bolsas es un momento de libertad y locura.  En eso pensaba mientras enfilaba por la calle Valdelamasa, mientras sentía la lluvia primaveral y perezosa: que este paseo que hace un tiempo habría pasado desapercibido ahora me sabe a gloria.  Tenía ganas de cantar en voz alta, pero igual es poco recomendable, igual cantar es una provocación, interrumpiría demasiado esa gravedad que nos envuelve cuando salimos furtivamente de nuestros escondites.  Así que no he cantado.  La canción, Je t’aime moi non plus, se ha quedado en mi cabeza. Continuar leyendo «Fuga»