Hay un buque que da la vuelta al mundo una vez cada ciento cincuenta y cuatro años. Ese barco, que debe de ser mágico, no tiene ningún rasgo particular y pasa desapercibido muy a menudo. Y sin embargo corren rumores, se cuentan historias en alguna taberna oscura, a la luz de unas velas que se reflejan en los vasos de güisqui. Se dice, pero quién lo cuenta no siempre es de fiar, se dice que los amantes que suben a ese barco no olvidan nunca ese viaje. Que es un lugar donde las penas se borran y el tiempo no existe, que repara los males del cuerpo y las tribulaciones del espíritu.
Se dice también que el capitán que guía ese barco por los mares del mundo no habla nunca y sin embargo sus palabras quedan grabadas en el corazón de las gentes que dudan.
Se dice, siseando como en las iglesias, que las personas que se mecen en ese barco de madera quedan marcadas para siempre. Continuar leyendo «El buque»