Guerra de sexos

Hemos quedado a comer. En la Marisquería del barrio, que ofrece terraza abierta para tranquilidad de los comensales.

Hay gente en las mesas, separadas por un espacio en el que los camareros se mueven apresuradamente. Alguno tiene problemas con su mascarilla, que, toda díscola ella, se niega a permanecer sobre su nariz.

Hay una niña repipi y un chaval ruidoso que son de dos mesas distintas, pero de la misma familia, persiguiéndose entre las sillas. Una madre engalanada dice con cansancio, “niños, sentaros”, y luego sigue hablando con el cuñado del panorama bursátil. O similar.

La niña está ganando. Se escabulle, se retuerce, hace quiebros, mientras el chaval trata de alcanzarla, centrado en su objetivo, ajeno al barullo y al vals de platos.

Y lo consigue, la agarra por la manga, empieza a dibujar una sonrisa de triunfo. Entonces ella, derrotada pero con el ego intacto, le espeta la palabra paralizante que va a anular toda su victoria:

– “Distancia!”

Y él, sin inmutarse, contesta:

– “Distancia tú!”

7 opiniones en “Guerra de sexos”

  1. Nuevo post nuevo post!! Qué bien!!
    ¡Me ha encantado! Es como el juego «Peste–vacunado» al que jugaba de niña con mis amigos en el colegio. Un juego que tiene un exitazo entre los niños y que me pregunto si remonta a muy lejos en la historia o no.
    Está claro que se lo pueden haber inventado los niños cuando empezó a vacunarse de la peste, visto cómo son capaces de enredar el contexto actual en esos pilla-pilla.
    Es muy cierto lo de las mascarillas díscolas. Los mariscos suenan a rico, me imagino una ensalada de tomates de acompañamiento y se me hace la boca agua

  2. En mi confinamiento particular del Covid, he estado varios días aislado en plena forma y por lo tanto curioseando aquí y allá con la tecnología. Una de las cosas que he redescubierto con la digitalización es que el ajedrez tiene infinitas ciberposibilidades. Yo deje de jugar hace mas de cuarenta años y me he vuelto a enredar un poco. Me vi también en mis ratos de ostracismo la famosa serie de Netflix «Gmbito de dama» que por cierto me pareció una serie lenta y falsa. En fin, la sorpresa del final de la trifulca de tu entrada tiene su reflejo en el ajedrez. Sería… «tablas por ahogado».

    Gracias Amalia, un placer leerte.

  3. ¡Perfecto! Desde el título hasta el estupendo final. La inferoridad esencial de los hombres frente a las mujeres (¡ay!) está clavada. Mi total solidaridad con el chaval ruidoso.

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