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«Solitudine»

Así, en italiano

La Unidad 1 se viste de calle, y si hace un tiempo lo importante era parecer francesita, ahora lo fundamental es taparse la cara, dejando a la vista los ojos, que son, después de todo, el reflejo del alma.   Así que con la cara camuflada pero el alma al viento, la unidad 1 abre la puerta y se lanza al mundo, a ver si el mundo le deja un hueco para que pueda hacer volar sus zapatillas sobre el asfalto y sentir que puede ir donde quiera y a su ritmo.  Bueno, dentro del Orden Kilométrico 1.  Que no está el horno para bollos.  

En su paseo, la Unidad 1 se cruza con muchas unidades 2, que son la suma de dos unidades 1.  El conjunto lo subraya la mascarilla que suele ser similar, y algo más que se junta:  una mirada, unos brazos, unas manos.  Hay muchos conjuntos 2XY pero también conjuntos +3YX y algún conjunto 1PET.   La unidad 1 sube con esfuerzo la avenida Alfonso XIII, notando que la mayoría de los conjuntos prefiere bajarla, lo que le parece lógico y envidiable.    Otras unidades 1 -modelo Extreme Sport- la adelantan y se alejan a ritmo de zumba.  La unidad 1 decide doblar por la calle Prima, y allí, en una casa escondida por castaños en flor, está un Ser que ha decidido coger una cacerola y una cuchara de madera, plantarse en su patio y hacerle saber a su entorno que no está de acuerdo.  La unidad 1 se fija en que el Ser tiene barba y ojos cansados. 

Un poco más allá, tumbados en un rectángulo de césped, hay dos unidades 1 muy, pero que muy, juntas.  Tanto que, si no fuera por la ropa, parecería que estuvieran formando una Unidad Superlativa, un fenómeno tan insólito, a pesar de la primavera, que a la Unidad 1 se le escapa una sonrisa.  

Luego sube al Parque.  Se pone chula, la Unidad 1, y en la cuesta empinada corre como nunca, más que nada para asegurarse que sus piernas siguen fuertes, y también porqué así esconde la emoción que le provoca pisar ese parque que hace dos meses que no frecuenta.  En muchos de sus árboles, en sus pistas de arena, hay huellas de cuando la Unidad 1 se permitía el lujo de cruzar la pista deportiva y pararse a menos de un metro de algún amigo; las huellas están ahí para testificar que aquello pasó, pero ahora hay que ir por otro lado y poner en práctica el concepto de zigzag para evitar no ya a los charcos, sino a los conjuntos que se multiplican por osmosis.  

Y en una esquina, 

ajeno al bullicio, 

otra Unidad 1, 

que ha decidido ponerse al revés, 

con la cabeza para abajo 

y los pies apuntando al cielo.  

Que ya puede salir el sol por Antequera, que nadie le va a quitar la opción de darle la vuelta a todo y encontrar el chi. 

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